jueves, 28 de noviembre de 2013





-¿Qué hace aquí?

-No lo sé seguro. Pero tengo entendido que es un guerrero de los mejores –respondió Tunny, quien chasqueó la lengua, inquieto.

-¿Y eso no es algo bueno en un soldado? –inquirió Yema.

-¡Me cago en sus muertos, no! Sigan mi ejemplo. Yo he sobrevivido a más de una refriega, las guerras ya resultan difíciles sin que haya gente luchando en ellas.


-Malditos charlatanes –refunfuñó Mitterick. Confirmando así la teoría de que los hombres siempre odian en los demás lo que es más odioso en sí mismos.






-Muy bien, Retter –dijo Jalenhorm, a la vez que desenvainaba su espada-. Toque la orden de avance.

-Sí, señor –Retter se humedeció cuidadosamente los labios con la lengua, inspiró profundamente y alzó la corneta, preocupado, repentinamente, ante la posibilidad de que se le resbalase de su sudorosa mano y se equivocara de nota, de que estuviera por algún motivo llena de barro y solo sonase como un pedo miserable mientras escupía una llovizna de agua sucia. Tenía pesadillas con eso. Quizá esto que estaba viviendo fuese otra de ellas. Esperaba que así fuese.




El tiempo fluye como las hojas de los árboles que arrastra el agua. Disfruta de los pequeños momentos, hijo, ese es mi consejo. En eso consiste la vida. En todo lo que sucede cuando estás esperando que ocurra otra cosa.



Al verlos, Finree se sintió vergonzosamente a salvo, asquerosamente afortunada. Resulta muy fácil olvidar lo mucho que uno tiene cuando su mirada siempre está centrada en lo que no tiene.




-¡Cobardes! –exclamó, pero no podía hacer nada. Un jefe puede meter en vereda a uno o dos de sus muchachos, pero cuando todos a la vez echan a correr, se siente presa de una absoluta impotencia. El poder que confiere el mando puede parecer algo indiscutible y férreo, pero en última instancia solo es una idea que todo el mundo ha decidido creer. Para cuando volvió a refugiarse tras el tronco, todos sus chicos ya habían dejado de creer en esa idea, y, por lo que Curly pudo apreciar, ya solo quedaban él y el desconocido de la capucha roja.




Se levantó dando un salto, o lo más parecido a un salto que podía dar últimamente, y descolgó su espada de una alcayata situada junto a la puerta, mientras mascullaba más maldiciones. Si alguien había ido hasta ahí para matarlo, no parecía probable que fuera a advertirle su llegada llamándolo por su nombre. A menos que fuese un idiota. Pero los idiotas pueden ser tan vengativos como cualquier otro, si no más.


lunes, 25 de noviembre de 2013


El reptiliano Henry Kissinger y miembro del Grupo Bilderberg, quien al mismo tiempo es títere de los Rockefeller, ha enfatizado varias veces que “al controlar el precio del petróleo, les permite controlar continentes enteros. Al controlar los alimentos, les permite controlar a los pueblos”. De esta manera, vemos como los Iluminati utilizan el petróleo y los alimentos como armamento con el propósito de reducir a los pueblos a un estado de economía feudal.
Por esa razón, Patrick Wood escribe que “los Estados Unidos ha sido literalmente secuestrado por menos de 300 ambiciosos de la Elitocracia Global, a quienes no les importa para nada los ciudadanos de los países que buscan dominar”